ORDEN DE CABALLEROS Y BALLESTEROS DE LA SANTA CRUZ DEL REY FERNANDO III, "CABALLEROS DE LAS NAVAS"



.
Tras la batalla, quedaron como custodios de tan Santo Lugar, caballeros de diversos linajes y distinta procedencia Europea.
Dichos caballeros protegían el Paso de la Losa, lugar estratégico que ha unido hasta nuestros días el norte con el sur de la Península Ibérica.

Al morir de forma inesperada el noble rey Don Alfonso VIII, es su nieto Fernando III el Santo, quien funda la MILITIA SANCTAE CRUX dando nombre al conjunto de Caballeros que allí quedaron, y manda construir, junto a la ermita de la Santa Cruz, y en el mismo campo de batalla, una venta "muy fortificada" (siendo la Casa de las Órdenes parte de ella), para que se alojen la coalición de caballeros bajo el estandarte de la Milicia Santa Cruz, con la noble misión de cobijar y proteger a todo aquel peregrino que visitara estos gloriosos lugares, y velar por los monjes encargados de cuidar la ermita. Custodiar la ermita y la venta fortificada que sirvieron para albergar el camposanto de los "héroes de las Navas" y las reliquias (corona, espada y cetro del noble rey don Alfonso VIII, bandera apresada a los almohades donde está representada la Señal del Cielo, Casulla con la que ofició misa el Arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada, "el Lábaro" de la Cruzada de las Navas de Tolosa, la Cruz del Arzobispo de Toledo Don Rodrigo).






BLASON DE LA MILITIA SANCTAE CRUX, QUE HACE REFERENCIA A LA SEÑAL DE CIELO VISTA EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA,Y EN DONDE EN SU CONJUNTO SIGNIFICA : DONDE LOS CABALLEROS ENLAZAN LA CIUDAD TERRENAL CON LA CIUDAD CELESTIAL "REINO DE LOS CIELOS"
Durante varios siglos estos Caballeros, y el mismo día de la batalla (16 – julio), celebraban y conmemoraban en dicho lugar, homenaje, a la gran epopeya de la Cristiandad.
Vivieron en una situación de guerra permanente, sufriendo un ambiente bélico, como caballeros de frontera, no sólo luchando al principio contra las incursiones de morisma peligrosa, incluso más tarde contra "cristianos" de mala fe que asaltaban y robaban a los peregrinos y viajeros.
Algunos de estos caballeros partieron en 1234 para participar junto con la colaboración de los Caballeros de Santiago, Alcántara y las huestes del obispo de Plasencia en la reconquista de Extremadura.
Además de estos caballeros, alrededor de un siglo después de tan gran batalla, se creó un cuerpo de ballesteros, cuerpo de soldados profesionales de origen villano o campesino, ubicados en las villas del Viso del Marqués, Vilches, Linares, Baños de la Encina, Úbeda y Baeza, etc., protegieron a peregrinos en los caminos de acceso a estos santos lugares.
A diferencia que el oficio de las armas lo ejercían los caballeros desde su infancia, los caballeros consideraban que el uso de la ballesta era un "arma de cobardes" o de personas poco adiestradas en el uso de las armas, y que no daban opción de defensa al caballero. El segundo concilio de Letran prohibió el uso de las mismas contra los cristianos.
En el año de celebración del VIII centenario de tan memorable batalla, varios caballeros de distintas órdenes, junto a entusiastas de esta gran cruzada "todos hombres libres", decidieron por el antiguo procedimiento de la honorable regla de caballería, rescatar la tradición antigua de custodia encomendada por el Santo rey Fernando III, como la misma misión inicial a estos humildes caballeros, es decir, proteger y recordar estos Santos y Gloriosos lugares, para las generaciones presentes y venideras.
En el siglo XXI, la misión de los Caballeros de las Navas, es recuperar humildemente, la tradición histórica de la gloriosa batalla, así como la dimensión espiritual de dichos hechos de armas, como elementos de la propia identidad patria.
Hoy en día las espadas, las usamos para los honores. La acción la emprenden la pluma y papel, donde queda plasmada la historia en letras para siempre.



CASA DE LAS ORDENES, MEMORIAL A LA GLORIOSA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA "LA BATALLA"
Un Caballero:


En la caballería se puede percibir las virtudes cívicas que forjaron grandes hombres, en ejemplar disciplina, valerosos en comportamiento ante las adversidades, leales para con sus parientes y amigos, un espíritu vivo por la historia y la cultura, unidos o asociados a la propia estirpe, una silenciosa participación en obras de beneficencia pública, discretos solidarios con los necesitados y un rechazo de lo trivial, ostentoso y vulgar.